ROCK N’ QUITO: El concierto que no llego a ser.

septiembre 6, 2009 por  
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Cuando en un evento la organización toma un protagonismo mayor al que merece puede ser por dos factores: a) su trabajo sobresalió en niveles técnicos y logísticos o; b) su gestión resulto, por decirlo menos, vergonzosa. En Rock N’ Quito lo que primo fue la segunda opción. Cualquier intento de los artistas, tanto nacionales como argentinos, que se presentaron el sábado 01 de Agosto de brindar un buen show se vio desdibujado por un sonido que no cubría los requerimientos básicos  para la Plaza de Toros. La saturación y la falta de retorno para las bandas fue el común denominador de todos los actos de la noche.

El preámbulo del evento ya vislumbraba algo desalentador. ¿Quién hubiera pensado que Attaque 77, referente del punk rock latinoamericano con más de 22 años de carrera tendría tan poca convocatorio en la capital?, aquello sin embargo no sería la primera ni única sorpresa con la que tanto público como artistas se encontrarían.  Cerca de las 7 y media de la noche, el primer quiebre a nivel de cartel se producía. Mientras Biorn Borg intentaba realizar la prueba de sonido, que inicialmente fue planificada a las 4 de la tarde pero no se la realizó hasta entrada las 7 de la noche, la agrupación quiteña se encontró con una realidad infame: se incumplió con el rider técnico provisto por la banda y las condiciones que la empresa Audio Express brindaba para el sonido externo eran precarias. Ese motivo sumado al maltrato que recibieron y la inexistencia de alguien de la producción del evento que les dé una explicación, dio como resultado el anuncio de  la desvinculación de Biorn Borg y Sal y Mileto del evento. Igor Icaza baterista de la agrupación Sal y Mileto comento que la organización no cumplió con los requisitos del grupo, por ejemplo no se respeto la cláusula del contrato que señalaba que debía de existir una sobretarima para la batería.

Cerca de las 8 de la noche la agrupación de Macas, Ayawaska, subió al escenario. Con una audiencia de 800 espectadores, cantidad de público que variaría en poco número a lo largo de  todo el evento, la banda de ska punk brindo un show enérgico pero lleno de desperfectos técnicos.

Hammer la primera banda argentina en presentarse soporto de todo, nunca tuvieron un monitoreo adecuado lo cual mantuvo tensa a la agrupación durante todo su recital, cerca del final de su intervención catalogarían a su partición como una tortura. Ya abajo del escenario la indignación de ellos se hizo evidente: recorrieron miles de kilómetros para un show que estuvo por debajo de toda expectativa.

El ambiente general en el público en ese instante era de duda, los rumores corrían por todas partes ¿Van a tocar Todos tus Muertos y Attaque 77?, afuera de la plaza muchas personas se acercaban a la boletería a pedir que les regresen su dinero, otros aprovechaban para comprar las entradas a un precio muy inferior al original.

Mientras en el escenario se realizaban algunos cambios del backline para la presentación de Todos tus Muertos, la barrera que separaba Arena con VIP, se vio varias veces derribada; a su vez el público de general pedía que los dejen pasar a arena.

Durante la presentación de Todos Tus Muertos el sonido mejoro, más la saturación que ahora existía impidió apreciar de una forma adecuada a la banda liderada por Pablo Molina. Un show dinámico, en donde se vio la puesta en escena de un Pablo Molina lleno de energía: contorsiones, saltos y alguna que otra acrobacia, concluyeron con un adecuado show en donde Todos Tus Muertos remarco su trayectoria y presento algunos  temas que pertenecerán a su próximo trabajo discográfico llamado “Crisis Mundial”.

Al momento en que el ahora devenido trío argentino subió al escenario, el tema con el que decidieron arrancar su recital fue Ángeles caídos, durante toda esta canción y muy pesar de toda la fanaticada no se pudo escuchar la voz de Mariano Martínez.  Durante los primeros temas los problemas de sonido no faltaron, el bajo no sonaba tanto dentro del escenario como fuera de él, se vio a Luciano Scaglione enfadado. Luego de “arreglar” aquel problema el show continuo sin mayor dificultad,  Attaque 77 recorrió un setlist con temas de toda su carrera. La buena onda y la entrega a su público siempre estuvieron vigentes,  el sonido como algo imperante fue defectuoso, pero la puesta en escena del trío bonaerense fue simple pero perfecta.

Como resultado final queda un concierto donde la falta de organización de Milton Bolaños y Francisco Domínguez junto con la co-producción de El Perro producciones de Argentina opaco lo que pudo ser una gran noche llena de rock y energía.

Por: Darío Granja

QUITOFEST 2006: La estocada del Quitofest

septiembre 3, 2009 por  
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Quitofest1

Yo no sé lo que les parezca a ustedes – aunque puedo imaginarlo-, pero para mí lo único que salva a las anodinas festividades de Quito, es el QuitoFest. Y como para no sonar especulativo digamos que, al menos para unas 40 mil personas (entre quiteños, residentes en Quito y afuereños que cada año llegan exclusivamente al festival; niños, adolescentes y adultos, mujeres y hombres de todo estrato socioeconómico) que no gustan de usar sombreros de Panamá -¿o de Montecristi?-, de paño o de cowboy y de tomar Moscatel en bota de cuero para sentirse por algunos días embebidos por el espíritu caricaturesco de su frustrada herencia ibérica, y eso mientras observan cómo un toro se vuelve burla de un torero con la arrogancia ceñida al alma como las panties rosadas a su pubis matador, el QuitoFest es, digamos, el único espacio masivo de construcción identitaria alejado de costumbrismos colonialistas; de producción, promoción y proyección cultural sin fines de lucro, y de pretensiones beneficiosas para un conglomerado humano que, a diferencia de las ferias del gran poder taurino apoyadas sin cabildeos por los estamentos de la gestión pública y la información, suele recibir de parte de las instituciones establecidas para la promoción cultural, poco más que lo mínimo y así, bajo el pretexto de la inclusión, complacer a esos otros que caminan por la vereda del frente. Como si se tratara de una dádiva.

Siempre, el movimiento de la música independiente del Ecuador ha sido la bestia tambaleante, proclive a fallecer por no ser indispensable para una estructura administrativa que prioriza en su agenda “cultural” los festejos de incoherencia tradicional, de vacuidad identificativa y de deleznable relevancia futura en términos de producción artística. Evidentemente el rock no genera los millones que sí las corridas. Lo que no entienden los encargados es que espacios como el del QuitoFest, aparte de permitir la manifestación musical diversa y tolerante, ergo, de verosímil acción integradora, es una plataforma que, de ser incentivada en la medida de su importancia colectiva, bien podría significar la pauta de un empoderamiento discursivo de quienes también tenemos algo que plantear desde la música y desde la palabra. Desde nuestra estética, por supuesto. Desde esa ética que a veces desestabiliza.
La música –y en general la creación artística independiente- ha rendido circunvalando la ausencia de políticas en materia cultural y por debajo del mainstream de la algarabía futbolística, y así, a pesar de los eternos ¡ole! oficiales, ha sabido mantener resonantes las distorsiones de sus esfuerzos entre la gente preocupada. Y en esto ya vamos años.

“…entre la obligación (del Estado) de generar espacios y velar por un desarrollo cultural en la diversidad, y cualquier forma de imposición del “valor oficial” de la cultura, hay una distancia enorme”. (CARÁMBULA, Gonzalo, La creación cultural desde el consumidor, FLACSO virtual, Argentina, 2006)

Como para formalizar esa presencia y agrupar las tendencias sobre una misma tarima, y así encarar las escenas internacionales con la fuerza de un solo movimiento, el QuitoFest se creó hace cuatro años de la convicción de cuatro practicantes de la gestión musical. Álvaro Ruiz y Edgar Castellanos, miembros de la banda rockera Mamá Vudú, y Rodrigo Padilla y Jalal Dubois, gestores culturales y personajes mediáticos, advirtieron la necesidad de montar un festival que permitiera a todas esas bandas locales mostrar su trabajo frente a la mayor cantidad de público que se reúne al año en un evento de esta naturaleza con acceso gratuito; y a los grupos extranjeros que comulgan con el proyecto más por la difusión que por los dividendos, acceder a un mercado y a un público con el que – en la mayoría de los casos- no habían tenido contacto directo.

Quitofest2Así, el cuarto festival consecutivo se desarrolló con el profesionalismo y la gestión operativa evolucionada, dando cuenta de un proceso maduro de estabilización, tanto en el sentido estricto de organización como de consolidación de un espacio de aglutinamiento social –preponderantemente juvenil- en el que organismos e instituciones oficiales encontraron importante y deseable la transmisión de mensajes de contenido social. De ese modo, la Secretaría Técnica del Frente Social (entidad gubernamental), la división de lucha contra el SIDA y la que vela por la igualdad de géneros de la Organización de las Naciones Unidas; el Ministerio del Trabajo, el Programa del Muchacho Trabajador, entre otras entidades, encontraron, al fin, una vía de comunicación alterna para los estudios anuales que, tras los respectivos discursos de presentación, suelen terminan archivados como teoría de consulta estadística en los anaqueles institucionales.

Mensajes por la prevención del HIV, por el derecho a puestos de trabajo de los jóvenes en edad legal para trabajar, y por la erradicación de las peores formas de trabajo infantil, entre otras, fueron las consignas que desde los stands de información o desde la tarima a través de las palabras de los músicos, se dispersaron entre el público para demostrar que, incluso por la oficialidad, un espacio como el QuitoFest puede ser aprovechado cuando se tiene un ápice de creatividad para manejar la comunicación, y otro poco de iniciativa para desechar los prejuicios.

La primera jornada, como ya es costumbre, se dedicó al rubro de los pesos pesados. Los más de 30 mil vatios de salida y la tarima de 20 x 15 metros fueron inaugurados por el power core de Madbrain, y la gente ya demostró que la tarde iba a ponerse dura. Curare, una de las bandas más intensas que a mi gusto ha sacado la cabeza en este año, volvió a armar un show tan emotivo como el de la Fiesta de la Música. Con su montaje, los sanjuanes y los albazos en la amalgama con el hardcore adoptan una dimensión verosímil, tan sentida como en sus formas tradicionales, pero de potencia ulterior.

Descomunal se mantiene como una de las más populares y respetadas por la sencilla razón de que su puesta en escena es, ante todo, carente de artificios. Su postura recia es la proyección de su conciencia. Al menos, eso dejan ver.

Quitofest3Likaón es de la camada de los veteranos del metal, por lo menos de los que se han mantenido. 11 años en escena hablan, en lo mínimo, de la constancia aplicada a fondo. La del metal es aún más, una subtribu en eso del underground: la autogestión su emblema, el margen su hogar.

Los californianos Death by Stereo se metieron con el público directamente: el cantante se lanzó al pogo popular y con eso la gente ya los incluyó en los highlights de la tarde.

Total Death es otra esfinge de la vieja guardia, llevan 15 años despostillando platillos y pocos lo sabían. Es otra de las cosas que logra el festival: develar públicamente vidas musicales.

En el backstage la cosa se calentaba en repunte a la lluvia que cumplió su amenaza. Unos colombianos buscaban trago antes de subirse al ring, pero casualmente nada líquido circulaba alrededor. Se subieron igual, y el personal del metal que los conoce desde hace años, estalló con las camisetas negras empapadas de furia. El cantante de Masacre habla, lo hace como cualquiera, con la voz de la naturaleza, proclama unidad entre los pueblos de América, pero cuando canta su voz se vuelve la de un dragón. Y cuál es la novedad. Ninguna. Solo que no deja de causarme extrañeza la bipolaridad vocal y de posturas. La vena integracionista del latino en la guturalidad ardiente del diafragma, y luego, tras bastidores, la confesión de que el presidente Uribe le parece “dentro de lo peor, lo mejor”. Yo no sé.
Por atrás la niebla se espesa. En la antesala de los camerinos la gente se guarece de la llovizna y en uno de ellos, completamente solo, con las manos en los bolsillos y cubierto el rostro por una capucha, está el gordo de los alaridos más salvajes del hardcore punk. Frente a frente es como un oso de peluche afable y customizado, con los piercings y los tatuajes a la altura de su potencia escénica. Sobre las tablas él y su banda son un torbellino devastador que no devastó lo suficiente. Los Ratos de Porao se bajaron antes de hora. Un solo imbécil hubo entre el público que alteró en mal plan el rock and roll. Y nadie hubo para impedirlo.

Día 2: Fusión mutágeno puso las manos en el aire junto a un colectivo que sacó el hip hop de las secuencias y le puso guitarra funkera, percusiones prudentes y scratches cortantes. Guanaco saltó al micro y los franceses de La Caution que ya habían arribado le pusieron ojo a ese flow particular. Luego, cuando en la noche final, por alguna razón extraña los franceses terminaron en mi casa con una botella de Appleton sobre la mesa, me comentaron que les gustó el hip hop ambateño y en particular el rapeo del cantante de Sudakaya, pero que les llamó la atención el nivel bajo del volumen al que sonaban sus pistas. Y es que claro, cuando ellos subieron al escenario, sus secuencias se treparon casi al doble de potencia. Los bajos dejaban una huella dilatada en el interior del pecho, y sus rimas aceleradas, a pesar de la metralla lingüística ajena, buena espina soltaron: “it ´s all about the vibe”, dijo el rapero NikkFurie.

Alicia se tiró por el parabrisas y por el lado de la fórmula juvenil del rock. De estar en México ya engrosarían la camada de Panda y de División Minúscula en eso del postgrunge para adolescentes melancólicos.

Quitofest4Alma Rasta, la buena sorpresa del festival. Su onda volatilizó la tarde, el público se enganchó, pidió más y lo obtuvo, pero eso retrasó la programación. Buen feeling de reggae crudo mientras el personal de escenario empezaba a preocuparse por el cronograma atrasado. Y yo sigo preguntándome: ¿de dónde salieron todos esos rastas que pregonan el Jah vibrazion a 2800 metros sobre el nivel del mar?

La electrónica se hace en vivo, con los aparatos precisos y sin las poses de los divos de las mezclas. F415 sabe de manipulación tecnológica.

Se viene la lluvia. Por ahí calienta un fruncido de trenzas azules que parece dispuesto a incendiar el escenario. Pero yo ya lo conocía. En Rock al Parque, el festival de los festivales en América Latina, el organizado por la Alcaldía Mayor de Bogotá y el Instituto Distrital de Cultura y Turismo; el que es promocionado por el Gobierno como destino turístico y el que, para dar un dato, tiene la dirección www.rockalparque.gov.co, ahí mismo, yo ya lo había visto, con igual intención de comerse al público, pero allá, como aquí, sin poder lograrlo. Su experimentación es interesante y los resultados, placenteros, pero no para un festival masivo. Objeción, señores del QuitoFest, había otras opciones.

Rocola Bacalao se trepó con el aguacero caído y con la advertencia de recortar su show. La noche se venía y aún faltaban dos duros. La noche se vino sobre la tarima. Flojo monitoreo y un amplificador de guitarra que se quemó, pero una vez más, el público, tan generoso y tan permisivo.

Volvieron los jefes. La banda de culto en vida está como recargada de coraje. Con respeto máximo a Paúl Segovia, Lucho Pelucho es un maldito de las cuerdas. Franco ha sabido cantar. Igor es el plazuela rabioso de siempre. Sal y Mileto es el papá.

Quien pensó que sin Fidel Nadal Todos Tus Muertos fenecería, bastante que se equivocó. Ni falta que hace. El pequeño Pablito –actual y único cantante- se retuerce en adrenalina, juguetea con una capoeira punkera y se interioriza acurrucándose bajo la batería para desearle pronta muerte a Pinochet (tus plegarias fueron escuchadas, Pablito). Las luces no programadas se encienden y dejan ver en perspectiva a los valientes que soportaron la lluvia y el descontrol. Son los hijos del rock and roll que insisten con el mosh. Unas llamas de artificio brotan de unos generadores que anuncian PELIGRO mientras la batería acelera el traqueteo del punk. En lo que se extinguen las chispas, mi memoria recrea el estribillo de un nuevo merengue-hardcore de los Muertos: …que cada quien hable en su lengua / la que sea / que cada quien vaya a donde quiera / que cada quien cruce la frontera / la que sea… y la cuarta edición se cierra.

Por la madrugada, presa de la curiosidad y del whiskey, me lanzo:

- Pablito, ¿cuál es la relación de Todos Tus Muertos con Fidel Nadal?

- Ninguna, no tenemos nada que ver con él.

- En una biografía de Manu Chao que leí, él cuenta que rompió relaciones con Fidel Nadal porque éste de pronto asomó con ciertos “arranques fasistoides”…

- Es verdad, ese tipo es un facho.

Por: Santiago Rosero*

*Corresponsal en Ecuador de Rolling Stone

Elrestoesmio.blogspot.com