BLOG | Los mejores discos del 2011 según la redacción de Plan Arteria / Por Darío Granja
diciembre 27, 2011 por Dario Granja
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A pocos días de que termine el año, quienes conforman la redacción de Plan Arteria presentan de forma personal sus mejores discos 2011.
Presentar un listado de los mejores discos del año es una actividad personal, íntima. De manera casi general, los discos que más me llegaron en este año responden a una cuestión emotiva, a momentos específicos en los cuales fue casi impulsivo encontrar ciertos sonidos y conectar con ellos.
Desde el rock alternativo de masas, hasta un nuevo proyecto subtropical proveniente del Río de la Plata, el 2011, para mí, sonó así:
Casi a manera de revelación de la música latinoamericana de este año, Siddhartha consolida un disco con canciones escritas desde la introspección, mientras suena como música de fondo una base rítmica pop, sutiles arreglos electrónicos y un espíritu britpop declarado.
Más información: siddhartha.com.mx
10 | TV ON THE RADIO / Nine Types of Light
TV on The radio siempre ha demostrado ser una banda con recursos sonoros casi inagotables. Una muestra es su quinta producción en estudio: Nine Types of Light en donde la agrupación de Brooklyn compone un disco luminoso que factura temas que pasan desde baladas de texturas electrónicas hasta un funk rock bailable.
Más información: tvontheradio.com
9 | GIRLS / Father, Son, Holy Ghost
Trasladarse por un disco mediado por el estado emocional de sus autores muchas veces puede producir vértigo. En el caso de Father, Son, Holy Ghost, el segundo trabajo de la dupla de San Francisco, conformada por Christopher Owens y Chet “JR” White, es casi un deber que se lo asume con riesgo y que, al momento de sacar una conclusión, el resultado es sobresaliente.
Más información: girls
8 | CHRISTINA ROSENVINGE | La Joven Dolores
La voz de Christina eriza, provoca un sentimiento placentero único en cada fraseo. Es algo de profundidad pop y nostalgia rock lo que se escucha. En La Joven Dolores, Christina presenta temas cargados de literatura llena de manifiestos femeninos provocadores.
Más información: christinarosenvinge.com
En este trabajo la banda de Melbourne logra consolidar de forma coherente y sólida diferentes géneros de música bailable de distintas épocas, bajo una premisa pop permanente. Un álbum para despegar los pies del piso y recordar que el baile es uno de los principales propósitos que tiene la música en nuestra vida.
Más información: cutcopy.net
6 | THE BLACK KEYS / El camino
¿Qué pueden decir de nuevo dos músicos blancos de Ohio en el legendario idioma del blues-rock? La mejor respuesta que ha podido dar The Black Keys a esta pregunta es El Camino. En su séptimo álbum, la dupla de batería y guitarra fortalece su estructura sonora con puntuales arreglos de sintetizadores y órganos, logrando un trabajo con sabor a clásico.
Más información: theblackkeys.com
5 | THE WEEKND / House of Balloons
The Weeknd genera algo hipnótico y estimulante al escucharlo. Puede ser por la atmósfera sensual y provocadora, mezcla del R&B con el dubstep; la electrónica minimalista y una voz casi siempre al borde del dramatismo. House of Balloons, el primer larga duración de este proyecto del joven cantautor canadiense Abel Tesfaye, es un trabajo adictivo que se consume en los oídos.
Más información: the-weeknd.com
4 | FOO FIGHTERS / Wasting Light
En ciertos momentos es necesario estallar, subir el volumen y aumentar la velocidad. Presentándose como uno de los discos más completos de Foo Fighters, Wasting Light regresa la esperanza de que es posible facturar un gran disco de rock en esta nueva década, combinando lo mejor del pasado mientras se grita y agita al futuro.
Más información: foofighters.com
En un juego premeditado y genuino de silencios, beats y una voz soul melancólica modificada por auto tune, James Blake, en su primer larga duración, nos hace comprender que canciones de atmosferas minimalistas y letras sencillas pueden convertirse en las grandes composiciones musicales de nuestra época.
Más información: jamesblakemusic.com
Desde hace mucho tiempo que la palabra Bajofondo garantiza un nivel de exigencia e innovación sonora de la música tradicional de Río de la Plata.
Por ello era casi seguro destacar el resultado de este nuevo trabajo individual de uno de los prolíficos integrantes de este colectivo de músicos. En Campo, Juan Campodónico nos presenta una obra sonora inquietante, amplia, que se plantea encontrar distintas formas de traducir los sonidos locales en himnos globales.
Más información: campomusic.net
¿En qué lugar se ubica la banda liderada por Justin Vernon en la música 2011? Seguramente muy lejos de las nacientes bandas indie bailables del momento y del desfigurado y caricaturesco pop industrializado. Bon Iver – Bon Iver es, sin duda, un disco muy alejado de todo el ruido cotidiano, tan alejado que resulta ser introspectivo y conmovedor. Un viaje sonoro en el cual fácilmente quedas expuesto, y en donde el itinerario y el equipaje no importan.
Más información: boniver.org
Por: Darío Granja | @darioxgranja
BLOG | Mamá Soy Demente – 49 Dias Jugando en el Inconsciente / Disco (Recomendación)
diciembre 21, 2011 por Plan Arteria
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A alguien escuché decir que la diversidad no está hecha de prejuicios y que el camino hacia la evolución es la adaptación. Trasladándolo al ámbito melodioso, pienso que el horizonte que limita la experimentación musical está tan lejos o tan cerca como queramos mirarlo y de allí parte nuestra capacidad de disfrutar y abstraernos con la enrevesada y maravillosa música.
El dueto ‘Mamá soy Demente’ ha bebido de las más diversas fuentes musicales para crear este disco, procurándolo como un licuado aniquilador de ‘etiquetas superfluas’ y ofreciéndonos cual abanico, electrónica, pop, rock, indie, folk y hasta soplos metaleros en una sola cápsula. Aprieta play.
‘49 Días Jugando en el Inconsciente’ se titula esta segunda obra discográfica del dueto guayaquileño, con un poco más de mixturas y producción. Al escuchar este álbum me encontré con un collage riguroso de infinitas formas: intrincado, rebelde, paradójico. La demencia no admite sensatez y, al parecer, es la única razón clara que tienen ‘Jolgorio Vocal’ (Dennis Darquea) y ‘El Ermitaño’ (Carlos Bohorquez) al momento de armar estos rompecabezas musicales. La psiquis no halla su verdadero lugar dentro de este universo sonoro creado en estos ’49 Días Jugando en el Inconsciente’.
La primera vez te sorprendes y disfrutas; la segunda vez apuestas a identificar cuántos instrumentos suenan por aquí y por allá, la tercera vez quizá solo quieras instintivamente escuchar este álbum una cuarta o una quinta vez.
El single ‘Eva, suelta las tarántulas’ juguetea con un art-rock en estado embrionario y un folk inaudito, un tema de apocalipsis encerrado en una rítmica sedosa, cuyas liricas hacen que digas: ¡qué perfecto es el terror! ‘La Salsa de Marte’ mezcla rock y sonidos de trópico, algo de funk y un poco de misticismo; extraña receta como para asombrarse y mover el cuerpo.
Bendita modernidad que nos das canciones como ‘La Píldora de Shi’ y ‘Adentro’, sencillas etéreas, rápidas y directas, que gracias a su métrica, efectos electrónicos y construcción accesible se muestran resplandecientes y logran dejarte sonriente sin apremio, de una manera tan espontánea, como natural es escucharlas.
‘Mamá Soy Demente’ va constituyéndose en una de las propuestas más vanguardista hechas en Ecuador, y temas como ‘El Despertar’ o ‘Lame el Rayo’ son fehacientes pruebas de ello, hechos con algo de indie, loops, contradicciones y metáforas.
Si el inicio era es cadencioso, en la mitad del viaje encuentras la turbulencia provocada por ‘Niño Goma’, ‘Turbando al Marrano’ o ‘La Nada’, erigidas con guiños metaleros que se atreven a desafiar al head-banging. Si de experimentación se trata están tracks tan ‘incorrectamente normales’ como ‘Morir’, ‘Sado’ o la instrumental ‘Ábreme las alas’, tema que cierra el álbum de una manera tan desconcertante como fue el inicio.
‘Canción acida’ es el infaltable tema lento con el que puedes cerrar los ojos y mirar tus ideas, mientras la rítmica hace de guía en esa expedición hacia los más acompasados bastimentos de tu interior. ‘La Mar’, por su parte, es la discordia. Con sus loops de gaviotas crea un aire salitroso repleto de trópico, que de alguna manera te remite a los espasmos mas puertorriqueños de The Mars Volta, y que – dependiendo de tu predisposición – puedes disfrutar o puedes escuchar frunciendo el ceño.
Colaboran en esta placa un sinnúmero de músicos que le dan ese particular sonido diverso a la obra. Una presentación digipack de lujo complementa este excelente producto que, además, incluye una espiritual manera de disfrutarlo: naipes creados para el efecto que te señalan las canciones que “el inconsciente” elige para ti. Una lúdica y mística forma de hacer que los escuchantes nos apropiemos aun más de la esencia y energía disgregada en estos temas.
Si la diversidad no está hecha de prejuicios deberías escuchar este álbum despojado de preconcepciones y de acuerdo a lo que dedujimos, deberías ser capaz de disfrutarlo cómodamente y evaluarlo como lo que es: un espléndido disco de la nueva música ecuatoriana que está hallando en esta contemporaneidad un sitio donde la experimentación confluya con la sencillez en favor de la armonía. Mamá soy Demente, 49 días Jugando en el Inconsciente, bien por ellos, bien por todos nosotros.
Por: El Musikólogo|
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BLOG | Lemmy: todo lo que es el rock
diciembre 19, 2011 por Plan Arteria
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La mejor película que he visto últimamente se llama Lemmy y es un documental, un tributo y una celebración por la vida de Ian Fraser “Lemmy” Kilmister, fundador, vocalista, bajista y gurú terrenal de la banda de heavy metal Motörhead.
Lemmy, la película, no es una investigación “seria” ni mucho menos, sus fuentes están totalmente parcializadas y casi nunca se mete en problemas buscando confrontaciones entre los mitos y las versiones oficiales: Dios la bendiga por eso. Parecería que Greg Oliver y Wes Orshoski, los directores (sólo hace falta verlos una vez para saber que se puede confiar en ellos porque ellos le han confiado su vida a Motörhead), la tenían clara desde el principio: vamos a demostrarle al mundo que Lemmy, la persona-personaje, es el ser más cool sobre la faz de la tierra. Vaya que lo hicieron y de qué forma. Con una tesis como esa, no se puede perder. Cuando todavía era Ian, Lemmy vio a los Beatles en el mítico Cavern Club de Liverpool y encontró su destino. Creció, aprendió a tocar, fue roadie de Jimi Hendrix y formó la no tan anónima Hawkwind, banda de punk psicodélico que nunca funcionó del todo porque, como reconoce uno de sus miembros en el documental, “cada uno de nosotros usaba una droga distinta”.
En 1975 Lemmy inventó Motörhead y detonó una bomba cuya onda expansiva nos sigue sacudiendo hasta hoy. A sus sesenta y seis años de edad, con veinticinco discos de estudio a sus espaldas, Lemmy sigue vistiendo jeans negros, botas, sombrero de vaquero, bebiendo Jack Daniel’s con Coca Cola y, lo más importante, haciendo el único tipo de música que le interesa sin que importe mucho –nada– lo que pase a su alrededor. Más claro: si decidiste envejecer, hazlo como Lemmy, que pasa de gira seis meses al año a pesar de tener diabetes y presión alta. El resto del tiempo vive en un pequeño departamento en Los Ángeles, una especie de refugio nuclear lleno de guitarras, libros y objetos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, su otra pasión.
Lemmy, la película, es el after party después de un gran concierto. Si Motörhead está en el libro de records Guiness como la banda más ruidosa del mundo, esta aplicación del fanatismo debería estar como la más exacta. Al final, de eso se trata: creer y hacer que otros crean. Oliver y Orshoski no están solos y en su documental cuentan con los mejores padrinos en cámara, gente de Metallica, Mötley Crüe, The Damned, Jane’s Addiction, el gran Dave Grohl y hasta el mismísimo príncipe de las tinieblas, Ozzy Osbourne. Y todos están de acuerdo con el testimonio de un adolescente británico al comienzo de la película: el Rock and Roll es Lemmy, Lemmy es el Rock and Roll.
Por: Juan Fernando Andrade (El Diario, 11/12/11)
BLOG | Alberto Fuguet – Missing / Libro (Recomendación)
octubre 31, 2011 por Oscar Molina
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En un punto del diálogo
uno se calla porque el otro
dice algo importante.
Lo que cuenta
te llega,
te responde,
sin notarlo,
preguntas que tenías.
Carlos,
el tío de Fuguet,
habla desde el fondo
de una herida con eco.
Él se perdió
un día
de una,
un solo dolor
con cambio al dólar
en Estados Unidos.
Chao Chile,
familia
comodidad,
amigos…
1,
5,
15,
30 años pasaron
y su familia ni se inmutó.
Si murió,
ya nada
Si está bien,
enhorabuena,
Si está mal,
no es el único
todos lo están,
de una
u otra forma.
Alberto lo buscó
lo encontró
escuchó su historia
lo dejó desahogarse
hizo lo que en esos casos
es mejor:
no acotar
sino acolitar.
Missing es el mapa
de ese camino perdido,
poco transitado,
con huellas nítidas,
fáciles de seguir,
por si alguien necesita
borrarse para dibujarse
de nuevo.
Este es un libro libre
y ese es su encanto.
Para conseguir la obra escriba a info@dinediciones.com o llame al 2545209 ó al 2545190.
Por: Oscar Molina
BLOG | Durga Vassago – Diente de Muerto / Disco (Recomendación)
septiembre 11, 2011 por Plan Arteria
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Play y empiezas un viaje en un crucero noise, mientras la, para algunos conocida, fuerza de ‘Furlesto’ obnubila tus sentidos en esa incesante marea de sonoridades. Una idea te ronda mientras escuchas este potente opening: ¿de qué se trata todo esto?
El debut discográfico de Durga Vassago está hecho de pura calidad musical, y la verdad esto se veía venir, pues en los escenarios nos lo anticipaban con cada performance; con su actitud rabiosa, delirante puesta en escena e indescifrable sonido. En este 2011 al fin nos presentan ‘Diente de Muerto’, su arrollador larga duración que levantó enorme expectativa en más de uno cuando fue anunciado; y, sinceramente, no decepciona en lo más mínimo.
Antes que nada, es necesario despojarse de cualquier pre-concepción sonora si no los has oído con anterioridad, y puede sonar a antítesis, pero debes escuchar esta avalancha lo más relajado posible; llegará el punto en el que, obligatoriamente, tendrás que menear tus sesos a ritmos desequilibrantes.
Si ‘Furlesto’ te sacó de gravedad, ‘Pez + Hada’ te llevará de la mano hacia ese círculo experimental que la banda agrega a su feroz música, de a poco te hará llegar nuevamente hacia un clímax disonante, con riffs crudos y velocidad. Los gritos, los gemidos y los guturales envueltos en retumbos convexos taladran tu percepción mientras te invitan: “Señoras y señores: sean bienvenidos al lugar donde no hay lugar, y ahora tenemos una oferta que usted no podrá rechazar, si muere ahora, será recompensado con un par de luces implantadas en sus orbitas…”
El preámbulo aterrador a manera de intro denominado ‘(/&%)? 1’ te lleva hacia uno de los temas más potentes. Con ‘Synthemesco puglio’ cierra los ojos, y en tu mente las imágenes de vértigo surrealista se sucederán una tras otra. Y es que de esto se trata la música de Durga Vassago: imaginación y crudeza que no acepta puritanismos eufónicos.
Lo versátil de esta grabación se manifiesta en un par de impensables temas lentos como ‘9 Reinas’ (increíbles seis y medio minutos de puro feeling) y ‘Mere Lachaise’, que progresa hasta convertirse en un rock cercano a un contundente metal.
Si llegaste hasta acá, debes prepararte para la verdadera pesadilla de cualquier amante del pop. La demente ‘Chin’, la absolutamente desconcertante ‘Angrust Ledome’ y la vertiginosa e impactante ‘Ouranoise’ (mi favorita) proveerán gritos inconexos a tus oídos, como si hubieses asistido a un partido de fútbol en un estadio repleto y con una arbitro de ojos vendados; pura y cruda energía sin reservas. Mientras, piensas si aquellas referencias Death, Noise, Math y Experimental serán solo coincidencias.
‘Carrussel’ juega a ser la pieza discordante que ataca a tu psiquis y dices: esto ya lo había escuchado (tiene un ligero toque a The Mars Volta); este corto track es quizá la menos experimental y por ende la mas “digerible” del álbum, que da paso a esa amalgama de resonancias denominada ‘/&%)? 2’. Para dejar en claro que este álbum diverso puede provocar miles de sensaciones, desde la extrañeza hasta el disfrute. El cierre, con Melman (me encantó esta canción como Colofón), a manera de soundtrack de film de terror, cierra el circulo con extremo equilibrio.
Este excelente CD no solo cuenta con una presentación de lujo y arte onírico, sino que el trabajo en producción es tremendamente resaltable. Grabado en los mejores estudios de la capital (Graba, La Increíble Sociedad, Saicotron, Santiago Bayas Home’s) y una parte en Argentina, mezclado en Guayaquil y masterizado en USA, le han dado una prolijidad única. La experimentación sonora puede apreciarse en su real magnitud gracias al mencionado trabajo, nítido in extremis; cada cosa en su lugar y cada nota perfectamente capturada, (les invito a calzarse sus headphones al ritmo de esta producción) el esfuerzo que han invertido los miembros de Durga Vassago en este proyecto es loable por donde se lo mire, y el resultado es altamente recomendable.
Después de realizar más de una vez este viaje roller-coaster-noise algo me queda claro; para hacer música como la de Durga Vassago no solo hay que ser excelente músico, sino hay que saber soñar lo real, con cruda irrealidad.
Contactos:
Myspace: http://www.myspace.com/durgavassago
Facebook: http://www.facebook.com/durgavassago
Twitter: @DurgaVassago
Por: El Musikólogo|
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BLOG | Tiempo libre y danza contemporánea / Actividad (Recomendación)
junio 17, 2011 por Plan Arteria
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Movimientos, caídas, vuelos, saltos, pasos. Actuación (y bastante), pero sobre todo relajación. ¿Comerse libros? No se necesita porque tampoco hay muchos. Hablar, eso sí, pero con el cuerpo. ¿Imposible? Pues no.
Ni el lenguaje alcanza a decir tantas palabras como lo pueden hacer las extremidades, la mirada y la piel. Aunque no parezca, el cuerpo si es capaz de formular más de un millón de frases. De hecho, así se llaman nuestros largos y profundos pasos de baile. De pies, en el suelo y en el aire. Con los ojos cerrados, riendo, sufriendo, amando o solo pensando. Con manos, brazos, pecho, cabeza, cuello y dedos. Solo hay que dejarlo fluir. Es todo. Y expresarse, pero de una manera distinta. Y muy entretenida.
Eso es la danza, y no precisamente la que está ligada a la rigidez de las mallas, los tutús, el Lago de los Cisnes y las zapatillas. Tiene algo de eso, pero es diferente y no tiene nada de inerte. Se trata de la danza contemporánea. Y si crees que no tienes el valor para seguir actuación, ganas de bailar, pero no ritmos tropicales o de salón, optar por unas clases de danza, es una excelente opción.
Redescubrirse es uno de los requisitos esenciales. Y para iniciar no hay límites de edad o estado físico. Solo ganas de hablar con la boca cerrada. De creer y danzar. O como se dice en esta a veces no tan entendida práctica: de respirar, con los pies y el alma en el piso, pero no dejar de volar.
Es baile, inspiración y creación. Pero sobre todo, es arte, mucho arte.
Por: Andrea Medina D.
BLOG | La generación grunge, la languidez y el blindaje sexual
junio 11, 2011 por Plan Arteria
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Yo me acuerdo. Estar sucio y desaliñado era lo más bonito que te podía pasar. Casi no se lograba distinguir quién era hombre o quién era mujer, porque todos nos vestíamos y peinábamos igual. Era una androginia involuntaria que rozaba la asexualidad. Hijos de los hippies de los setenta por un lado, hijos de los revolucionarios de izquierda, por otro. Nadie creía ya en nada de eso. Era una especie de parricidio quemimportista. Ni siquiera nos interesaba intentar bailar sobre la sangre de nuestros padres. Como decía Layne Staley de Alice in Chains: Deny your maker. Era eso. Éramos huérfanos, nadie hablaba de su familia, era como si no existieran. Una parva de adolescentes que habían nacido por generación espontánea, como las muñecas Cabage, eso éramos. Nacidos de un repollo. De ahí se explica el desorden, las ropas harapientas y la ausencia de adultos como en un capítulo de Charlie Brown. O si somos más truculentos, como en el filme Los Chicos del Maíz. Lo cierto es que cuando visitaba las casas de mis amigos, esos, los más lejanos y desgarbados, ni por asomo jamás mostraba las narices adulto alguno. No existían. Punto.
Todos parecían estar al borde de la pobreza, como viviendo en las calles, en una protesta minúscula y silenciosa en contra del sistema. Propuesta que nadie advertía ni daba por sentado, pues nunca se hablaba de eso. Es más, nunca se hablaba de nada, a lo sumo de música, a lo mucho de penas y pesares mundanos, y de lo terribles que eran los otros. Lo único que importaba era no reírse sino con los panas, mirar mal a quienes anduvieran bien vestidos por las calles y ser otro. Ser el otro. Esa era la consigna. Había una voluntad de ser marginal, de andar por los escondrijos de las calles, fumando marihuana, seduciendo al bajo mundo pero con cierta lejanía protectora: había que mantener una cierta compostura finalmente. Había algo de elegante, no en cómo nos veíamos, sino en cómo veíamos al otro. Con una seriedad apabullante, cero cursilerías. Pero en el mundo, casi todo era cursi y de mal gusto. Ser cursi y de mal gusto estaba prohibido. Estaba prohibido tener mal gusto en casi todo: música, arte, cine. Por eso, el grunge era un oxímoron: elegantemente desgastados. Finamente decadentes. Sin caer en el sucio hipismo. Sin promover la hermandad ni nada que se le pereciera. La idea precisamente era no promover nada. Jamás ser abierto, jamás dejar entrar a cualquiera. Era un club exclusivo, como no.
La consigna del rock perdía fuerza en el terreno del hedonismo que pregonaba. El rock and roll ya no era roll. No era más la música feliz o medianamente feliz que ponía a bailar y a brincar a la gente. No. Este rock era meditabundo y lánguido. Música para sumirse en un profundo y desmayado lamento existencial. Pero con la fuerza del grito desgarrado. Con la potencia de la última calada de alguna droga fumable. Con las ansias del condenado que pide piedad. Siempre con una felicidad agria o con una tristeza encumbrada. Perdiendo la memoria cada cinco minutos, por voluntad. Porque en un mundo así, no había nada que recordar. Memory, set me free.
“This next song is about pain. Is called Love Hate Love”, decía Layne Staley en un concierto en Seattle, 1991. Seattle era la meca. Todos soñábamos en perdernos en sus calles decadentes (cosa más falsa), encontrarnos con nuestros hermanos de camisas de franela sufriendo en las esquinas con la belleza terminal de Kurt. Así, una vez llegó al barrio el chico de Seattle, quien vestía camisas de franela a cuadritos pero era demasiado feliz para ser verdadero. No sirvió. No me paró bola tampoco. Un día creí ver a un Kurt Cobain en la Iglesia. Yo tenía 13 o 14 y juré que era él. Cabello rubio hasta el hombro, despeinado, hermoso, ropas desaliñadas, gringo. Con la sensualidad rota del drogadicto. Ese era el paradigma masculino. Hombres bellos, profundos y oscuros, con ese sufrimiento a cuestas que los hacía tiernos y vulnerables, pero con cierta enajenación abriéndose trecho por su piel. Cortándose los brazos, manchando las paredes con sangre, rompiendo puertas, ventanas, botellas. Lo que fuere. Ahora escucho Love Hate Love -de lamentos perfectos- Un límpido performance para un heroinómano sin compostura, sin arreglo. Hallado muerto cuando el grunge murió. Ahogado en su propio vómito. Murió en su ley. Era eso o diluirse en la superficialidad del nuevo milenio. Un tiempo en el que ya no hay espacio para sufrir por quien uno es. Layne se quedó Down in a hole perpetuamente. Mientras, nosotros salimos del hueco rompiéndonos las uñas a buscar en qué más convertirnos, porque la adolescencia se acabó y con ello vinieron cosas desconocidas y pospuestas. Cosas como el sexo. Porque vayan a saberlo. En el grunge el sexo era -por supuesto- evadido, eludido, traspuesto, traspapelado. Podía ser tan desgarrador que era mejor no encontrarse con él. Se perdía entonces la primera consigna del rock: sexo, droga y rock and roll. Lo único que conservaba verdaderamente el Grunge y esos noventas era la droga. Esos seres que habían escupido a la pose hipersexualizada del glam rock, eran blindados, casi célibes por convicción. Erotismo velado. Nadie se jactaba de tener treinta chicas, de tirar como loco, de agarrar por aquí y por allá. En los chicos oscuros y maltrechos que conocía en las noches de fiestas y bares de mala muerte, había una timidez que impedía mayor acercamiento. De parte y parte. Pero iba más allá de una simple timidez de adolescencia. Se trataba de una atmósfera asexualizada que nos rodeaba. Empezando por todos ellos, los Kurts, los Eddies, los Laynes, los Michaeles, los Billies, los Scotts, los Chrises. Ninguno quería ser súper macho, super rock star, super falo. Esa era la discordia entre la inquietante sensualidad de la mayoría y su porfiada decisión de seguir siendo ángeles del desencanto.
¿Para ser respetado había que sufrir? Ahora que lo pienso, con años de lejanía, me pregunto: ¿A quién se le habrá ocurrido semejante pelotudez? Pues la respuesta es: a todos, a ninguno. Nadie se puso de acuerdo, simplemente pasó. Algo así como una herencia macabra, unos genes malheridos que decidieron que ya era tiempo de parir una generación sombría que terminase con todas las ínfulas de revolución y de alegre contracultura. Fue la década de la inacción, de las acciones sin concretarse, pero profundamente lírica y melódica, eso sí. Si algo pasó en los noventas fue la música: esas maravillosas odas a lo terrible de ser… Pero finalmente, no ha sido tan terrible “ser”¿no? Aunque por otro lado, pienso, fue la última época con alma… de la música. con alma. Ojalá me equivoque.
Habrá que hacer un brindis, cómo no…
¡Salud por los noventas y el grunge y la languidez y el blindaje sexual!
Por: Rocío Carpio
elantemano.blogspot.com
BLOG | You don´t know Jack / Película (Recomendación)
‘You don´t know Jack’ – La vida del ‘Dr. Muerte’
Hablar de la muerte no siempre es agradable, para la mayoría, y sobre todo hablar de una muerte asistida o en este caso mencionar al famoso ´Dr. Muerte´. Con ese apodo se conoce a Jack Kevorkian, ex patólogo armenio-estadounidense, quien puso a toda la sociedad norteamericana a debatir sobre los pro y los contra de la eutanasia.
El lema de Kevorkian siempre fue “morir no es un crimen” y eso es lo que el telefilme ‘You don´t know Jack’ trata de reflejar al adentrarse en su vida. En una actuación impecable, Al Pacino (ganador del Emmy 2010 por este rol) personifica al ´Dr. Muerte´, quien hace honor a este sobrenombre, ya que generó un debate que para esa época (principios de los 90) fue un tema sensible para la sociedad norteamericana y para el mundo. Jack no sólo tuvo que defender su idea ante los juzgados, sino ante la sociedad, lo que lo llevó a hacer un acto provocador y audaz al publicar en TV uno de estos suicidios asistidos. Posteriormente, esto le costaría 8 años en prisión.
El telefilme, que dura 134 minutos y se proyectó en la cadena HBO en el 2010, refleja las verdaderas intenciones de este médico y pintor aficionado al realizar las muertes asistidas. Los sentimientos, a favor y en contra, se dividen rápidamente, mientras aparecen una a una las personas que piden ayuda del ´Dr. Muerte´. En total, él logró asistir a 130 pacientes que padecían enfermedades terminales y deseaban terminar con sus vidas.
Es un filme controvertido y emotivo, refleja el convencimiento y la necesidad que tiene el personaje de demostrar que, siempre, pensó en los “sentimientos de sus pacientes”, de darles lo que ellos le pedían. Su único afán era “detener el sufrimiento” de estos pacientes que, como tuvieron el poder de decidir sobre sus vidas, por qué no, podrían decidir sobre sus muertes.
Por: Carla Loaiza











