BLOG: Historias de un sillón reclinable – En la comisura
Levantándonos en puntillas o esquivando las cabezas desconocidas, veíamos el paso de las comparsas y los diablos. Veíamos los ponchos, las máscaras, las lenguas afuera y el cansancio que empapaba las sienes y acentuaba el rojo en las mejillas. Sentíamos la vibración de las plantas de los pies aplaudiendo su peso contra el cemento.
La madrugada es un tiempo raro del día. Y más si uno está en otro país. Los postes no iluminan lo suficiente, los grillos confunden y el frío se sobrepasa, y llega a espacios del cuerpo reservados para la luna de miel. Son las 4:25 am y tenemos que escoger un hotel en un pestañeo. ver más…
BLOG: Historias de un sillón reclinable – Cozumel
Nota de Redacción: Hace mucho que no sabemos de Dimitri, más de dos meses sin ningún post, y el viaje de tres meses por Latinoamérica que inicio a finales de octubre, se ha convertido en un aparente año sabático de redescubrimiento de nuestro blogger de cabecera. La familia y amigos no para de preguntarnos por su paradero. ¿Se perdió en el desierto de Uyuni?, ¿Realizo otro viaje, pero esta vez psicotrópico?, Lo cierto, es que sin dar razón ni justificaciones envió otra historia de sillón reclinable, la cual lleva por nombre:
Cozumel
Me parece caro. Un cuarto de pollo por USD 5, es realmente un precio alto. Al menos para nuestra economía de mochilero; todo lo que pase de USD 2 está en la categoría de ‘lujo’. Es verdad que en ocho horas no pararemos en ningún lugar, pero igual, USD 5 son USD 5.
El tren es lento. Supongo que la flecha del velocímetro zigzaguea entre los 10 y los 20 kilómetros por hora. Por esa razón nos tomará ocho horas llegar a Uyuni. Estamos equipados y el Señor es nuestro pastor, así que nada nos faltará. Tenemos la funda con hojas de coca, por si acaso el dolor de cabeza aparezca. Tenemos los mp3 cargados, por si acaso el aburrimiento se cole. Trajimos cada uno un libro, por si acaso el insomnio nos estornude en la cara. Tenemos todo el tiempo que queremos, lo que es más importante. ver más…
BLOG: Historias de un sillón reclinable – Kolynos
“Bolivia es tan colorida como la paleta de un pintor. Aunque a ratos se torna gris por la cantidad de viento y polvo que hay. Harto. Mucho polvo. Tanto como en una cancha barrial. De ahí los ojos rojos. De ahí las manos y los labios secos de la gente. De ahí la palidez de las plantas que se tambalean medio borrachas por los orines de propios y extranjeros”.
Cruzamos la frontera entre Argentina y Bolivia a pie. Cargar la ‘mochila de mochilero’ ya es rutinario; nuestros hombros están acostumbrados al peso de la ropa sucia y los pocos regalos que llevamos a la casa. Desde San Salvador de Jujuy (Argentina) cogimos un bus hasta Villazón (Bolivia). Allí atravesamos el arquetípico puente que por un lado tiene el ‘Hasta pronto, esperamos tenerlo de regreso’, y por otro dice ‘Bienvenido a…’ ver más…
BLOG: Historias de un sillón reclinable – As, dos, tres
“Llegamos. No hay más que un agringado ‘Wow’ para describir lo que se siente al ver tanta blancura. Las reacciones también se acompañan de preguntas obvias al compañero de viaje; entonces se le dice ¡Qué hermoso!, ¿si ves? Claro que lo hace. Y de nuevo las comparaciones: Baños es así, pero un poquito más pequeño. No, cómo vas a decir. De ley, a mí me parece. Reflexiones de un nacionalismo tardío.”
BLOG: Historias de un sillón reclinable – Hojas Secas
“Y si el precio no le convence, qué tal el anuncio de que, por cinco pesos más, puede obtener un “bucal sin bombita hasta el final“.
No es exagerado afirmar que en Buenos Aires hace el mismo frío que uno siente cuando mete medio cuerpo en la refrigeradora para alcanzar el ‘tupperware’ con la comida de ayer. Pero lo que si parece exagerado es la cantidad de alcohol en gel que está disponible en cada estación de bus, baño, hotel y hasta en la recepción del museo de Evita. Argentina está con los nervios crispados por la gripe A. Y es entendible: hasta mediados de julio de 2009 ya habían 147 muertos. Tanta es la ‘psicosis preventiva’, que el Ministerio de Salud recomendó que se “eviten” los saludos con beso entre hombres. En los cines, por ejemplo, hay un anuncio que sugiere a los asistentes “ubicarse a una distancia considerable de los otros”. Con todas estas medidas, es fácil suponer cuáles son las reacciones que se producen cuando un visitante, que no está acostumbrado a semejante invierno, estornuda.
BLOG: Historias de un sillón reclinable – Helado con cucharita
Enero 3, 2010 por Plan Arteria
Blog
“Según parece, acá todo el mundo cata vino. Al caminar por las avenidas, los miércoles que pasa el camión de la basura, es común encontrarse cabezas de botellas de vino que sobresalen de las fundas negras. Comprensible; una botella de 3/4 de vino tinto cuesta USD 10”.
Nuestro paso por Buenos Aires fue sólo por un motivo de escala. Hay que decirlo: no nos íbamos a mandar todo el viaje en bus. Por eso, aprovechamos una oferta aérea que nos daba un gran empujón desde Lima hasta Córdoba por USD 300, una funda de maní, una mandada de mano de la policía aeroportuaria y dos horas volando sobre la cabeza de una cuarta parte del mundo, si no es muchísimo menos. Desde Buenos Aires regresaremos hasta Quito en bus, eso está decidido. Por lo pronto nos quedaremos un par de días en Córdoba para después bajar a Buenos Aires y hacer lo que testarudamente se explicó en un par de líneas atrás.
BLOG: Historias de un sillón reclinable – Cita a ciegas
“Silencio largo durante dos semáforos. Primera lección: conocer un poco de economía básica antes de ‘atacar’ a la economía interna de un país, en especial de Argentina”.
Jorge Renza no es homofóbico. Lo descubrió cuando vio los partidos del primer campeonato gay de fútbol que se jugó hace un año en el Parque Sarmiento, en Buenos Aires. Nunca se sentó en los graderíos a ver los cotejos. Sólo los miraba a través los rombos de la alambrada. Es que le daba miedo que lo hicieran parte de los festejos. Cuando uno de los equipos metía un gol, todos celebraban en trencito y bueno, vos sabés che… mejor de lejitos, ¿no? Aunque hay que respetar los gustos de cada quien.
BLOG: Historias de un sillón reclinable – Chifa Keiko
“Lima, en realidad, sería un paraíso para un apostador compulsivo que sea adicto al wantán, pues hay más casinos y chifas que árboles”.
En Lima tuve mi primera rasurada a ciegas. Parado bajo el chorro de la ducha, me puse la espuma de afeitar y entrecerré los ojos. Despacito, con miedo a ver sangre chorreando en cualquier momento, empecé a rasurarme. Con cuidado, haciendo bien las respectivas muecas, estirando la cara para no cortarme en las comisuras de los labios. Ése fue el precio del ahorro.










